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  • Día 4. Habitar las tormentas

    Días de tormentas, relámpagos, truenos. Miro el cielo desde el mirador, cerca de casa. Estoy escribiendo.

  • Dia 3. Acompañantes de camino. William Blake

    Aquí estoy, está tarde, ahora mismo, en la casa del pueblo, entre herramientas y materiales de construcción, escribiendo un poco sobre  algunos aspectos de mi relación con William Blake.

    A veces, me encuentro con una obra o con un(a) artista que llega como un imán que hace aflorar algo profundo desde mi interior. William Blake fue para mí uno de esos encuentros. En algún momento de mi adolescencia, en una pequeña colección de libros de historia del arte que tenían mis padres; sus imágenes, sus palabras, su universo encendido de visiones me golpearon con suavidad y fuerza. Como si alguien hubiese estado nombrando lo innombrable dentro de mí, y me ofreciera, me lo dejara de herencia.

    Cuando encontré a William Blake quedé en suspensión, absorta. Sentí una fuerza que me arrancaba de lo concreto de cuajo, elevándome por los aires hacia paisajes que mi curiosidad observaba con avidez, entregándome allí la llave del sentido.

    Me fascinó su trabajo – y lo sigue haciendo, independiente de las corrientes culturales de su entorno. Sus imágenes: escenas, fenómenos sucedidos en ese Espacio Imaginal común a toda la humanidad, donde se realizan los trasiegos entre lo relativo y lo absoluto. Ese espacio que realmente habitamos.

    Me gusta que su trabajo sea físicamente tan pequeño, los tamaños de sus obras son a menudo diminutos, como pequeños sellos de correos. Y sin embargo los temas son tan trascendentes y el espacio que abren en mi mente es tan enorme. Sus pequeños grabados son como ventanas diminutas hacia un espacio de amplitud infinita en el que habitan los sucesos que verdaderamente nos rigen.

    También me gusta el hecho de que su trabajo no estuviera dirigido a la venta. El ya era grabador y ese era el trabajo que le permitía vivir. Poeta, grabador, pintor y visionario, su obra es inclasificable: mística, crítica social, arte y poesía desde una subjetividad tan radical y tan pura que accede a cuestiones universales. Blake no concebía el arte separado de la visión espiritual. No sólo creaba imágenes o poemas, sino mundos completos —mitologías personales que hablaban de la caída, la redención, la imaginación, el alma, lo divino. la imagen, la palabra y el espíritu se entrelazan.

    Combinaba texto e imagen continuamente, con naturalidad, sin que la imagen fuera una ilustración. Ambos complementários.

    “Si las puertas de la percepción se purificaran, todo aparecería al hombre como es: infinito.” —William Blake

    Una percepción purificada que las voces de mis personajes, y la bando sonora de mi mente también comparte: personajes que excavan, recuerdan, transmutan y sanan.

    Blake hacía sus propios libros ilustrados, escribía los textos, grababa las imágenes, los imprimía a mano, y luego pintaba cada copia: como me gusta hacer con mis impresiones únicas intervenidas… Esta forma de usar el libro está en profunda sintonía con esta manera de entender el libro o el objeto editorial como obra total, como algo más que un soporte: como un espacio de revelación. Esto me encanta y trabajo en ello a diario. Cuando hablo de «libro», me refiero a su significado básico, al objeto: un conjunto de hojas de papel u otro material, generalmente escritas o impresas, encuadernadas juntas y protegidas por una cubierta. El libro como artefacto total.

    Muy posteriormente en mi vida encontré a Henri Corbin y sus ideas de la imaginación como órgano espiritual. Pero esta cualidad de la imaginación la conozco desde la infancia y la reconocí en el trabajo de William Blake como si algo en mí se mirara en un espejo. Para Blake, la imaginación no era fantasía ni entretenimiento, sino la facultad más elevada del ser humano, la que nos conecta con lo divino y con la verdad.

    Blake denunciaba la religión dogmática, la razón sin alma, y las estructuras opresivas de su tiempo. A través de lo simbólico, lo profético y lo visionario, proponía una renovación profunda del alma, de nuestro paradigma vital y de la sociedad. Hospitalaria también propone una crítica implícita: no desde el panfleto político, sino desde la construcción de una posibilidad amorosa y simbólica. Ojalá que mi trabajo sea infundido de esa espiritualidad no dogmática, que se comunica a través de signos, de seres, de metamorfosis… La convoco diariamente, desde que me levanto.

    William Blake creó una cosmología que parece salida de una mezcla entre la Biblia, alquimia, sueños y rebelión. En mi trabajo se dá una mezcla similar: Elder Kiering, los Númings, Nimir Silvius, Fluxor Axis… forman parte de un panteón propio que no busca repetir modelos, sino construir arquetipos nuevos desde una intuición íntima y profunda con la que pueden corresponderse, a la que pueden dar voz.

    Blake imprimía en su casa, no se sometía a las modas ni al mercado. Prefería la verdad visionaria a la fama. Yo trabajo desde lo artesanal, desde mi casa y desde «la casa», desde lo íntimo, haciendo piezas únicas con papeles especiales, interviniendo cada uno, eligiendo cuidadosamente precios accesibles, ajena a la lógica comercial. Me gusta pensar que esto es también profundamente blakeano.

    William Blake es uno de mis benefactores, podría ser una especie de ancestro espiritual para mi trabajo: no tanto una influencia directa, sino un maestro en el linaje de quienes ven el arte como visión, como oración, como reparación, como creación de mundos. Al igual que él, no busco imitar el mundo visible, sino hacer visible lo invisible. Ojalá mi Hospitalaria pueda ser una continuación, en clave contemporánea y post-tecnológica, de esa tradición secreta de artistas que son también místicos, alquimistas, constructores de realidades interiores. Y ojalá todo ello pueda ser beneficioso.

    Esta es la dirección de El Archivo de William Blake. Un sitio web que recoge toda la obra de este hombre tan particular: https://www.blakearchive.org/

  • Día 2. Eh, que estoy aquí!

    Aquí estoy en la cocina de mi casa, en Basauri. Rodeada de creaciones mias y de otrxs artistas…🩷

    Anoche soñé algo que me dejó una sensación cálida y luminosa . En el sueño, yo perseguía  con ansiedad a una mujer que caminaba rápidamente y corría delante de mi. Ella me daba la espalda, siempre avanzaba un poco más lejos y  era yo.
    Hasta que, de pronto, alguien tocaba mi hombro. Oía una voz con un toque de humor que me decía: “Eh, que estoy aquí !” Me giraba. Y allí estaba: mi imagen en el espejo. Yo, mirándome. Sonriente. Abierta. Viva. Y sentí una alegría tan honda… Las dos nos alegrábamos, o más bien era como una inundación de felicidad sutil. Nos abrazamos. Fué como una zambullida.

    Experimenté esa sensación: había algo que se había reencontrado. Algo que  había dejado de huir.

    La autoaceptación no es una idea abstracta. Es una experiencia concreta. Es cuando  dejo de perseguirme y veo que todo está ya aquí y todo está bien: ya soy quien quiero ser: he de mirarme con ternura.

    A veces voy corriendo detrás de mi misma, exigiéndome ser otra, llegar  a otro lugar. Sin darme cuenta de que ya estoy aquí. De que la parte más sabia y alegre de mi  toca en mi hombro., me llama: » ven, no te distraigas».

    Este blog, para mí, es también eso: girarme. Mirarme. Y compartir ese gesto.

    Porque para mí, la creación artística, por muy minúscula  que sea, cuando nace de verdad, desde dentro, tiene algo de eso también: es un puente hacia una versión más auténtica de mí, de nosotrxs mismxs. Una que no necesita huir, ni disfrazarse, ni esconderse. Una que se zambulle en la vida con la misma entrega que ese abrazo en el sueño.

    A veces, la autoaceptación aparece así, sin avisar, como un gesto pequeño. Como girarse, mirar, y reconocer. Cuando dejo de perseguirme, cuando dejo de exigirme, algo se afloja por dentro. Algo se ordena.

    Como digo, siento con fuerza que esa experiencia está también en la creación artística. Cuando creo desde lo íntimo, sin pretensión, sin forzar nada, algo verdadero se asoma. Como si esa parte de mí que solo esperaba ser mirada, por fin pudiera respirar.

    Todas estas reflexiones forman parte de un proceso de observación en el que me encuentro ahora. Estoy trabajando en una autoaceptación radical. No como una meta, sino como un camino. Un modo de estar conmigo misma con más ternura, más paciencia, más verdad.
    Porque estoy segura de que realmente cuando una se cuida y se acepta, algo en el mundo también se ordena. La realidad es una malla de interdependencias en la que todo lo que hacemos afecta a todos los demás seres y fenómenos.

    Esta es mi ofrenda de este día.


  • Dia 1. Una forma de empezar.

    Esta soy yo hoy,  a los 61 años. No es por vanidad que muestro mi retrato, es un ejercicio de aceptación. Mi cuerpo y su aspecto viajan hacia la vejez. Estoy agradecida. Lo cuido y lo honro cada día.

    No sé muy bien por qué escribo aquí. Solo sé que cíclicamente, desde hace mucho tiempo, siento la necesidad de abrir un espacio así. Un diario compartido. No como testimonio de algo terminado, ni como ejemplo de nada, sino como forma de presencia. Como quien va dejando señales pequeñas, miguitas que quizá se coman los pájaros, por si alguien, algún día, pasa por el mismo bosque.

    Desde hace muchos años, el arte ha sido para mí un modo de caminar. Una forma de ver, de tocar, de entender. No tanto una profesión, aunque a veces también, sino una especie de respiración profunda. Hacer cosas con las manos, seguir una imagen, ensamblar, perderse, encontrar, volver a empezar. Y en ese gesto, volver a mí, a mi mundo interior radicalmente y aflorar asi al mundo que radicalmente compartimos. Así he vivido el arte: como una forma de conocer, de cuidar, de decir.

    Hace unos años, encontré el Dharma budista. Y fue, de verdad, como volver a casa. Un reencuentro con valores e intuiciones que ya estaban en mí desde la adolescencia, aunque entonces no sabía nombrarlos ni organizarlos. Ideas que marcaron mi forma de mirar el mundo, que han guiado muchos de mis gestos —a veces de forma desordenada, incierta, como quien camina entre brumas o entre la maleza— y que, al encontrar el Dharma, por fin se reconocieron, se acogieron, se asentaron.

    Esos valores los encontré reunidos de manera clara y luminosa en el budismo mahayana, pero no me eran ajenos. Durante años los busqué y los intuí en muchos otros caminos: en la relación entre la creación artística y el mundo psi; en la psicología profunda, el psicoanálisis, en la mirada junguiana; y también en otras tradiciones espirituales. Sin saberlo del todo, fui siguiendo el hilo de una sabiduría que atraviesa culturas, épocas y formas: lo que algunos llaman filosofía perenne o sabiduría primordial. Esa fue, sin duda, la corriente silenciosa que me sostuvo y me guió, incluso cuando no sabía nombrarla. El Dharma no fue un punto de partida, sino una convergencia luminosa. Cuando lo encontré, fue como si todo lo anterior se ordenara y tomara sentido en un solo instante.

    También por eso empiezo este nuevo tramo de este blog, en forma de diário. Para compartir ese cruce entre creación artística y camino interior. Para dejar constancia de lo que hago, pienso, leo, miro, siento cada día. Y quizá, solo quizá, que a alguien más le resuene. Que a alguien le inspire. Que le dé ganas de crear, o de parar, o de mirar de otro modo. Como me ha pasado a mí leyendo a otros. Ese es el gesto.

  • Unas Plegarias: Plegaria para cuando me siento mal. Plegaria para hacerme visible. Plegaria para un dolor antiguo. Plegaria para cortar con el sufrimiento.

    Figura que experimenta identificaciones dolorosas siendo atraida por ellas. Dos planos de trabajo: a la derecha el lado de las causas de sufrimiento. A la izquierda el trabajo de exploración y discernimiento. Dibujo que realicé hace unos años en tinta y acuarela.

    Plegaria para cuando me siento mal.

    Cuando no sé lo que me pasa , me envuelvo en un manto de ternura. No me pido explicaciones, ni fuerza, ni claridad. Simplemente me abrazo, como la noche abraza a la semilla que aún no ha brotado. Paciente, cálida, grave, doliente, amorosa.

    Hoy, no me empujo. Hoy, me dejo ser.

    Si hay tristeza, que sea suave, Si hay vergüenza, que respire. Si hay miedo, que tenga un rincón donde descansar. Si hay lucha, que se apacigüe pronto.. No estoy rota. Estoy viva. Y todo lo que siento es parte del camino hacia una verdad más honda, mas compasiva, más mía, más de todos.

    A veces mi corazón se llena con asuntos no resueltos, se nubla de confusión y de ignorancia., espectativas no cumplidas, pequeñas heridas cuya me memoria se acumula…y de pronto el mundo parece más estrecho, y su experiencia una lucha.

    Lucho en esa niebla de confusión, a ciegas, recitando las frases que guian mi mente y despejan mi corazon. Estar cansada, estar triste, estar abrumada también merece espacio y respeto.

    Cuando no sé qué me pasa, quizá es que algo profundo está piediendo ser escuchado, sin análisis, sin solución inmediata. Solo una eschcha suave. No tengo que comprenderlo todo. No sé. Y está bien.

    Plegaria para hacerme visible

    Muchas veces me siento invisible.

    Mi voz no se escucha, mis actos se disuelven en la bruma. Siento que paso sin dejar huella. Pero en el corazón profundo del silencio, una flor permanece. Ella sabe que he hablado, que he cuidado, que he ofrecido mi bondad a pesar de mis equivocaciones.

    Hoy no necesito que me vean. Ya no necesito que me vean. Hoy me veo a mí misma, a través de mí. Y esto basta.

    Luz serena, no estoy sola. Mi gesto, mi palabra, mi intención nutren el campo de mérito, el mandala que ofrezco, aunque nadie lo nombre.

    Figura que consigue cortar con el sufrimiento y sus causas, corta con sus identificaciones.

    Plegaria para un dolor antiguo.

    Hoy reconozco un dolor antiguo en mí. Un dolor que aparece cuando mi voz no encuentra eco, cuando lo que ofrezco parece desvanecerse en la indiferencia. Cuando mi cuidado, mi ternura, mi constancia no reciben ni mirada, ni gesto, ni espacio.

    Me he sentido invisible. He creído que lo que traigo no importa. He confundido la falta de respuesta con la falta de valor.

    Pero hoy me detengo y veo: esto no soy yo. Este patrón, esta sombra, este fantasma, no es mi verdad última.

    Yo soy quien sostiene. Quien crea espacios cuando no existen. Quien ofrece aunque nadie mire. Quien regresa al corazón, incluso herida.

    A tí, viejo dolor, te reconozco. Te miro con compasión. Pero ya no te cargo. Te devuelvo al cielo, al rio, al fuego, a la tierra. Mi voz es digna. Mi presencia es real. Mi camino sigue.

    Que la cadena del olvido se disuelva y que desde mi más profunda naturaleza florezca en mí día a día el recuerdo de mi valor, con el aroma de mi bondad natural, en el fulgor sutíl de esa luz silenciosa que me habita. El vibrante color aterciopelado de aquello que me une e iguala a todos los seres sintientes, lo que me une al pulso del Universo.

    Plegaria para cortar con el sufrimiento ó Plegaria del regocijo humilde.

    He vuelto a caer en mi torpeza. He olvidado, he herido, he reaccionado. Pero aún así no renuncio a mi deseo de despertar. Me inclino ante esta intención sincera, débil tal vez, pero real.

    No soy mis errores. Soy la intención de estar despierta. Dedico esta aspiración a todos los seres que luchan en silencio con su propia confusión.

    Que todxs podamos encontrar la claridad.

    Que todxs podamos encontrar el camino.