Este blog empieza hoy como un cuaderno compartido. Una bitácora diaria —o casi— en la que escribo retazos de lo que hago, lo que pienso, lo que recuerdo y lo que intuyo. Un diario íntimo pero ofrecido, como una semilla abierta en la tierra.
Lo hago porque creo en el poder de la creación como un camino interior.
Porque siento que muchas veces, al narrarme desde lo que hago, voy descubiendo lo que soy y me acerco a todo lo demás: a los seres vivos, a las lógicas invisibles de la naturaleza, a lo explicable y a lo inexplicable.
Y porque estas palabras —estas notas, dibujos, fragmentos— quizá puedan inspirar a otras personas a reencontrarse con su capacidad doméstica de crear, de jugar, de mirar desde otro lugar.
En estas entradas irán apareciendo también ideas, biografías de artistas que me marcaron y que me influyen, reflexiones sobre lo terapéutico del arte, resonancias culturales, pequeños cuentos e historias.
Y se irá asomando también Hospitalaria: el mundo que me habita desde hace años, un paradigma que mezcla lo poético, lo tecnológico, lo vegetal, lo simbiótico, lo arquetípico. Un mundo que se deja ver cuando estoy atenta.
Escribo para no olvidarme.
Escribo porque no todo se puede decir con imágenes.
Y escribo para dejar una pequeña luz encendida por si alguien, en medio del ruido, la ve y se siente acompañado. Y no lo hago por mi estricta voluntad, sino respondiendo a un empuje que me excede.
Hospitalaria: una respuesta al desamparo
Hospitalaria nació como una respuesta íntima, casi secreta, a aquello que más duele: el desamparo y también el sentimiento de desamparo.
Nació primero quizá como consuelo, como búsqueda, y poco a poco se ha revelado como una forma profunda de resistencia y transformación.
En un mundo marcado mayoritariamente por la fragmentación, la crueldad, la indiferencia y el olvido, Hospitalaria se ofrece como un territorio imaginario, pero real. Ese ámbito intermedio entre lo sensible y lo inteligible, un «mundo» o «tierra» donde cuerpo y espíritu se encuentran ( Henry Corbin). Un espacio donde la hospitalidad es ley primera. Donde la ternura es una sofisticada tecnología espiritual. Hospitalaria es la posibilidad de todo lo demás.
La guardiana y abanderada de Hospitalaria es una figura antigua y nueva: la imagen del médico de la peste.
Un autorretrato enmascarado que encarna la paradoja del cuidado:
proteger sin encerrar, mirar sin invadir, acoger sin absorber. Un personaje que simboliza la capacidad de andar entre el sufrimiento, acercarse al dolor, sin dejarse arrastrar, procurando alivio.
Su máscara es un umbral, un acceso que revela.
Es símbolo de una tecnología ya transformada, que ha dejado de dominar para volverse puente. Puente entre el dolor y su cuidado. En Hospitalaria, la utopía es una posibilidad abierta que nada tiene que ver con un futuro sin fallos, sino con un presente donde el dolor puede ser atendido.
Donde son las máscaras las que permiten acercarse con respeto.
Donde lo tecnológico se ha rendido al servicio de la compasión.
Este blog es la puerta.
Y esta es la invitación:
a cruzar con tu propia máscara y reconocerla con amor,
a caminar sin certezas,
a imaginar —desde las ruinas del desamparo—
un lugar donde es posible cuidar de todos y de todo, con amor.
Bienvenidx a Hospitalaria.