HOSPITALARIA ARTWORKS

Aceptación y reconocimiento. Contemplación de la vida cotidiana, como actividad artística, para el bien común.

Dia 1. Una forma de empezar.

Esta soy yo hoy,  a los 61 años. No es por vanidad que muestro mi retrato, es un ejercicio de aceptación. Mi cuerpo y su aspecto viajan hacia la vejez. Estoy agradecida. Lo cuido y lo honro cada día.

No sé muy bien por qué escribo aquí. Solo sé que cíclicamente, desde hace mucho tiempo, siento la necesidad de abrir un espacio así. Un diario compartido. No como testimonio de algo terminado, ni como ejemplo de nada, sino como forma de presencia. Como quien va dejando señales pequeñas, miguitas que quizá se coman los pájaros, por si alguien, algún día, pasa por el mismo bosque.

Desde hace muchos años, el arte ha sido para mí un modo de caminar. Una forma de ver, de tocar, de entender. No tanto una profesión, aunque a veces también, sino una especie de respiración profunda. Hacer cosas con las manos, seguir una imagen, ensamblar, perderse, encontrar, volver a empezar. Y en ese gesto, volver a mí, a mi mundo interior radicalmente y aflorar asi al mundo que radicalmente compartimos. Así he vivido el arte: como una forma de conocer, de cuidar, de decir.

Hace unos años, encontré el Dharma budista. Y fue, de verdad, como volver a casa. Un reencuentro con valores e intuiciones que ya estaban en mí desde la adolescencia, aunque entonces no sabía nombrarlos ni organizarlos. Ideas que marcaron mi forma de mirar el mundo, que han guiado muchos de mis gestos —a veces de forma desordenada, incierta, como quien camina entre brumas o entre la maleza— y que, al encontrar el Dharma, por fin se reconocieron, se acogieron, se asentaron.

Esos valores los encontré reunidos de manera clara y luminosa en el budismo mahayana, pero no me eran ajenos. Durante años los busqué y los intuí en muchos otros caminos: en la relación entre la creación artística y el mundo psi; en la psicología profunda, el psicoanálisis, en la mirada junguiana; y también en otras tradiciones espirituales. Sin saberlo del todo, fui siguiendo el hilo de una sabiduría que atraviesa culturas, épocas y formas: lo que algunos llaman filosofía perenne o sabiduría primordial. Esa fue, sin duda, la corriente silenciosa que me sostuvo y me guió, incluso cuando no sabía nombrarla. El Dharma no fue un punto de partida, sino una convergencia luminosa. Cuando lo encontré, fue como si todo lo anterior se ordenara y tomara sentido en un solo instante.

También por eso empiezo este nuevo tramo de este blog, en forma de diário. Para compartir ese cruce entre creación artística y camino interior. Para dejar constancia de lo que hago, pienso, leo, miro, siento cada día. Y quizá, solo quizá, que a alguien más le resuene. Que a alguien le inspire. Que le dé ganas de crear, o de parar, o de mirar de otro modo. Como me ha pasado a mí leyendo a otros. Ese es el gesto.

··················

Comentarios

Deja un comentario