
Lo que siento, no está en las palabras que digo, no está en las fotos que saco, ni está en los dibujos que hago.
Ni siquiera es un sentimiento y ni siquiera está en mí. Es puesto en marcha por todo lo que me rodea.
No sé lo que soy y realmente tampoco me importa saberlo. Solo sé que tengo a veces la fortuna y otras veces el infortunio, de estar, de observar, de participar de todo esto.
Partiendo de ahí, pienso simultáneamente en continua ambivalencia. No puedo vivir sin identidad: la admito transitoria y cambiante.
Percibo el mundo siempre a través de esta lente ambivalente. Sé que no veo “lo que es”, sino lo que significa para mí: lo que envío a ese objeto, a ese fenómeno. El símbolo en el que lo constituyo. Cada gesto, cada palabra, cada objeto cotidiano es símbolo. El barrunto que me acerca a la realidad «tal cual es» guía a mi curiosidad y me aleja de los lugares comunes. En la vida cotidiana: cien veces de cada ciento cinco que voy al bosque a pasear: acabo entre las zarzas, fuera de los caminos.
Este siendo es la condición de mi existir. Sabiendo que interpreto y que significo, sé que creo sentido antes de crear cosas. Que este sentido sea trascendente, y así, las cosas creadas, hablarán de lo que hay más allá de sí mismas: la realidad tal cual es.
No hay remedio: el pensamiento simbólico es la raíz de toda creación. Este diseño biológico me permite anticipar, imaginar y proyectar, y me conecta con la existencia plural de los seres y los fenómenos.
Sospecho que antes de la palabra escrita, antes del mito y obviamente antes de la institución, esta pulsión de simbolizarlo todo venía trotando, salvaje, entre las partículas del polvo estelar. Y se enroscó en esta efusión de vida, la humana, que cree habitar un mundo pequeño, algo que solo existe en la medida de lo que puede significar día a día, minuto a minuto, instante a instante.
Crear, entonces y obviamente, no comienza en un taller ni en una galería: comienza cada vez que hacemos que algo tenga sentido, cada vez que hacemos que nuestra experiencia se vuelva comunicable.
Todo gesto, diminuto, despistado, deliberado o extenso en el espacio/tiempo, es un acto de creación simbólica. Y estoy empezando a sospechar que hasta las flores y las piedras portan este fenómeno en sus ADN 🧬
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