HOSPITALARIA ARTWORKS

Aceptación y reconocimiento. Contemplación de la vida cotidiana, como actividad artística, para el bien común.

Apunte sobre tiempo


Cuando era pequeña, mi actividad mental transcurría de otra forma, siempre vinculada a la imaginación. Producía ideas e invenciones que me conectaban con el momento presente, alejándome de él si este era difícil de sobrellevar. El ritmo del pensamiento era más lento y, a menudo, se llenaba de intensos momentos de arrobamiento y éxtasis sensorial. Observando el brillo del polvo en suspensión, el temblor de una tela de araña, el titilar de la luz del atardecer sobre el agua de la orilla, quedaba inmersa en la experiencia de estos sucesos hasta el punto de perder la noción del tiempo.

En esos momentos, el tiempo se detenía para mí. Mi experiencia, intensa, profunda y transformadora, completaba ciclos, abría nuevos horizontes y hacía crecer emociones nuevas. La magia explotaba, se revelaban secretos del universo y viajaba en un espacio-tiempo de otra índole. Quizás me hacía más vieja en cada una de aquellas ocasiones, mientras el reloj apenas avanzaba unos minutos. Esta elasticidad del tiempo me ha acompañado siempre, y la intuición de su no existencia se corrobora ahora.

La práctica de la meditación, la atención y la presencia plenas y compasivas durante la vida cotidiana también detiene el tiempo del reloj, mientras el tiempo real se muestra expandido, ilimitado, amplio, habitable y hospitalario. Hace tiempo me interesé por este aparente doble aspecto del tiempo: cronos, el tiempo cronológico, lineal, que podemos medir con el reloj y el calendario, donde los acontecimientos se suceden en una secuencia con una lógica aparente que nos resulta comprensible. Es un concepto relacionado con la cantidad, con la idea de un tiempo finito que usamos para organizar la vida diaria, un tiempo que vendemos, que organizamos en plazos y horarios.

Por otro lado, está Kairos, que representa el momento oportuno, el tiempo cualitativo. No es un tiempo medible ni lineal, sino un instante lleno de significado en el que algo especial sucede o puede suceder. Es el tiempo de las oportunidades, cuando las condiciones son adecuadas para que ocurra algo importante. Desde un punto de vista más espiritual y filosófico, es el momento en que uno está presente de forma plena y consciente, un tiempo de calidad en lugar de cantidad, una profundidad no medible.

Sin embargo, siento que en mi percepción del tiempo hay algo que escapa a estas dos categorías: un flujo que une esos momentos Kairos, que los organiza y les da sentido de una manera que quizás se me escapa, en consonancia con la naturaleza cambiante de todas las cosas. Todas estas percepciones me conectan con todo, y son cambiantes como la propia existencia. Cualquier instante de percepción surge y cesa, y esto ocurre continuamente, en enormes y larguísimos procesos cíclicos, repeticiones de los mismos asuntos en diferentes puntos: una espiral que se multiplica y se manifiesta sin límite, conectada a otras espirales similares…

Creo que la idea de un flujo espiral en el tiempo y las repeticiones de patrones tiene conexiones con varias áreas de la ciencia, especialmente en la física y la biología. Fascinada por estas ideas y sin ser ninguna experta, cito algunas de ellas.

Desde la física, la idea de un tiempo cíclico o espiral no es nueva. En la teoría del eterno retorno, presente en algunas corrientes filosóficas y cosmológicas, se sugiere que el universo podría atravesar ciclos repetitivos de expansión y contracción. Además, en la mecánica cuántica y la teoría del caos, encontramos sistemas en los que, a pesar de que los eventos parecen aleatorios, siguen ciertos patrones repetitivos y autoorganizados, a menudo descritos por formas espirales o fractales. La noción de atractores extraños en la teoría del caos describe cómo ciertos sistemas dinámicos tienden a seguir trayectorias que, aunque parecen caóticas, en realidad repiten ciertos patrones, creando espirales o bucles.

En biología, la idea de la espiral está íntimamente relacionada con el crecimiento y desarrollo de la vida. La secuencia de Fibonacci aparece en múltiples aspectos de la naturaleza, desde la disposición de las hojas en las plantas hasta la forma de las conchas marinas. La evolución misma podría entenderse como un proceso de repetición y cambio, donde ciertos patrones se perpetúan, pero se transforman ligeramente en cada interación, generando nuevas formas de vida. En este sentido, la espiral podría simbolizar tanto la repetición como la innovación en la Naturaleza.

Por otro lado, la cosmología moderna sugiere que el tiempo podría no ser lineal en el sentido clásico. Teorías como la relatividad de Einstein ya nos muestran que el tiempo es relativo al espacio y a la velocidad, lo que rompe la idea de un tiempo uniforme y lineal. Se habla incluso de la posibilidad de universos paralelos, donde los ciclos de acontecimientos pueden repetirse de maneras ligeramente diferentes, creando así múltiples versiones de la realidad, conceptos que resuenan con estas ideas de enormes ciclos espirales.

Esta noción de que el tiempo es más que una línea recta, más bien una red, ciclos enormes que generan espirales conectadas, abre la posibilidad de que, en un nivel profundo, todos los sucesos del universo, en un constante proceso de repetición y transformación, estén de alguna manera conectados.

El pasado afecta al presente. El presente afecta al futuro. El presente afecta al pasado. El futuro afecta al presente…

El tiempo no es una mercancía que podamos acumular, sino más bien algo que fluye y que inevitablemente damos a lo que consideramos importante.

Este concepto de «entregar» el tiempo me recuerda a la filosofía de Martin Heidegger, especialmente en su obra Ser y Tiempo. Heidegger habla del «ser-en-el-tiempo», donde el tiempo no es un recurso exterior que gestionamos, sino una dimensión intrínseca de nuestra existencia. Él describe cómo cada elección y acción refleja el compromiso que tenemos con nuestro ser en el mundo, y cómo «entregamos» nuestro tiempo a esas elecciones, voluntaria o involuntariamente.

Por otro lado, desde la perspectiva budista, también hay una idea similar. El tiempo presente es visto como el único momento real donde podemos actuar, meditar o practicar el Dharma, y cada instante es una oportunidad de «entregar» nuestra atención consciente al aquí y ahora, sin aferrarnos al pasado o preocuparnos por el futuro. Podemos medir la calidad del tiempo por la profundidad con la que estamos presentes en nuestras acciones y pensamientos, por la intencionalidad de estos.

Tambien escuché a Pablo D’Ors esta idea de «entregar el tiempo». En oposición a esta idea mercantilista del tiempo: el tiempo que ganamos, el tiempo que perdemos, el tiempo que invertimos, rentabilizar el tiempo…; Pablo D’Ors propone pensar en el tiempo como aquello que tenemos al nacer ( somos seres en el tiempo) y aquello que vamos entregando. ¿En qué y a qué entregamos el tiempo? El tiempo de nuestro pensamiento, el de nuestras palabras, el de nuestras acciones…¿en qué lo entregamos? ¿a qué lo entregamos?. Las respuestas pueden ser revolucionarias.

(Millones de gracias Damchö Diana Finnegan por su infinita inspiración)

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