HOSPITALARIA ARTWORKS

Aceptación y reconocimiento. Contemplación de la vida cotidiana, como actividad artística, para el bien común.

Dia 8.¿Qué hacemos con el terror del mundo?

Pequeño boceto para convertir en chapas. Busco frases más allá de la denuncia.

Hay días en que siento que la historia humana me pesa demasiado.

Ciclicamente me desespero y me hundo en la tristeza, hasta profundidades peligrosas. Nos pasa a muchas personas a las que nos cuesta aceptar y acoger la realidad tal y como es. Es una cuestión quizá de madurar hasta acoger la humanidad completa, la propia y la ajena: acoger lo mejor y también lo más horroroso y repugnante. Acogerlo y transformar el horror y el rechazo en compasión. Aceptar que todos los seres humanos somos capaces de lo mejor y también capaces de crear inimaginables cantidades de sufrimiento. Aceptar que esto es así para todos los seres humanos: yo y cualquiera. Es duro, pero es la realidad.

Ahora Gaza, los conflictos interminables, el colonialismo, la miseria fabricada a medida de la banalidad de nuestro confort. Y de nuevo la certeza de que la historia siempre la escriben los que ganan por la fuerza, por la muerte. Y de nuevo la certeza de que vivimos ignoranes, engañadxs, en un relato de los sucesos que no se corresponde con la realidad de su origen. El último ejemplo para mí: me he criado instruida en que Hamás es un grupo terrorista. Y en estos días cuelgan y asesinan a grupos de personas palestinas por colaborar con Israel: La rueda del odio.  Bueno, y a esto le puede seguir una cola casi infinita de mentiras que se acumulan sobre verdades engarzadas en mentiras…

La pregunta que me acompaña es: ¿qué posición tomar ante tanto sufrimiento?, ¿cómo no caer en el desánimo ni en la indiferencia?, ¿como no dejarme arrastrar por el odio hacia mí misma y hacia esa parte ciega y cruel que todxs llevamos con nosotrxs?

Estas reflexiones son de una índole íntima, relacionadas con valores, con mis formas de comprender la vida, las relaciones con quienes me rodean, con el ambiente, con la cultura. Reflexiones que van describiendo el sentido que le doy a mi existencia. Puedo decir que son: reflexiones espirituales.

Lo que he comprendido —y sigo aprendiendo— es que exixte el activismo espiritual, y que no consiste en mirar hacia otro lado ni en anestesiarse, sino en elegir una manera distinta de vivir y de  resistir. Porque somos la resistencia. Nací ya en la resistencia, en la renuncia radical a añadir más dolor al mundo.

No callar, no odiar, no desesperar. Esa es la difícil posición.

  • No callar, porque el silencio cómodo alimenta la impunidad. Informarme, compartir, estar presente en las conversaciones incómodas, levantar la voz por quienes son silenciados.
  • No odiar, porque el odio multiplica la violencia y acaba devorando incluso a quienes luchan por la justicia. Condeno los actos, las políticas y las estructuras que generan muerte y opresión, pero no renuncio a ver la humanidad, incluso en quienes actúan con crueldad, desde la ignorancia.
  • No desesperar, porque la desesperanza nos paraliza y deja el camino libre a la violencia. La paciencia histórica significa recordar que cada semilla de confianza, de comprensión, de memoria y de resistencia cuenta, aunque no veamos de inmediato sus frutos.

Desde este lugar, las acciones posibles para mí son muy modestas y se abren en distintos planos:

  • Lo cotidiano: informarme con fuentes confiables, apoyar iniciativas solidarias, participar en manifestaciones, donar cuando es posible.
  • Lo simbólico: escribir, crear, hacer arte como testimonio de compasión y denuncia. Quizá pueda hacer aún más cosas: invitar a vigilias meditativas, inventar gestos para la memoria del sufrimiento de los demás.
  • Lo interior: cuidar mi corazón, porque no puedo sostener a otros si me dejo consumir por la rabia o el dolor. La paciencia con la humanidad empieza con la paciencia conmigo misma.

El activismo espiritual es esto: resistir sin perder el alma, mantener la llama de la compasión y de la ternura en medio de la oscuridad. Es un compromiso profundo que busca transformar el mundo sin reproducir las lógicas que lo destruyen.

Hoy, frente al horror, frente al engaño permanente, frente al sadismo rampante, mi compromiso es claro y constante: no callar, no odiar, no desesperar. Y desde ahí, actuar: actuar en cada segundo de mi vida: con atención, ternura y compasión hacia mí y hacia todos los seres por igual. Este es el gran antídoto contra el horror, contra el dolor. Para aplicarlo bien es necesario no perder de vista la herida, el sufrimiento.

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