HOSPITALARIA ARTWORKS

Aceptación y reconocimiento. Contemplación de la vida cotidiana, como actividad artística, para el bien común.

Bitácora de HOSPITALARAIA

Antes de salir esta mañana a pasear con Sukha, he pasado un buen rato frente a mi espacio de trabajo, pincel en mano. Pintar, dibujar para mí, es como asomarme a un pozo de agua y echar un cubo atado con una cuerda que es el lápiz o el pincel. Un pozo hondo y oscuro, bajando un cubo que extraerá algo fresco, saciante, que permanecía oculto. Se parece también a una especie de ejercicio de adivinación, un intento de sacar a la luz aquello que habita en las profundidades, respondiendo a sus propias leyes. Cada trazo es como el crujir de la polea al levantar el cubo: un movimiento lento, constante, que me revela algo desconocido, algo que siempre ha estado ahí pero que sólo emerge al pasar el pincel sobre el papel.

Hoy, lo que ha salido del pozo tiene tonos suaves, formas vagas y vegetales, como a menudo, y he sentido que era el bosque mismo dibujándose en el papel, con sus secretos y sus silencios.

Inesperadamente una explosión de colores suaves y vivos se han mezclado en el papel, como los tonos del arco iris desbordándose, combinándose de una forma entre lo explosivo y lo sereno. Hay en ellos algo alegre y pacífico a la vez: el espíritu de Hospitalaria se manifiesta en los movimientos del pincel, en los movimientos de mi cuerpo hasta llegar al pincel. Es una alegría sin estridencias, una serenidad llena de vida, que parece susurrar en cada color, recordándome que todo aquí, incluso lo más vibrante, tiene un equilibrio, una quietud en su raíz.

1.

Empieza un día más en Hospitalaria. En este mundo pequeño, elástico, cuya forma y tamaño no se pueden precisar, porque a veces es tan pequeño y minúsculo como un átomo, incluso más pequeño. Y otras veces se extiende y se expande hasta ser tan enorme como el universo entero, sin principio y por tanto: sin final. Hospitalaria es un lugar donde categorías como el género se han superado. Tampoco existen ideas de nacionalidad, ni protección de fronteras geográficas. Las fronteras nacionales y los conceptos de ciudadanía hace tiempo que se disolvieron. En su lugar: un sentido de pertenencia universal, sin divisiones de territorios o patrias, una identidad compartida basada en el ser, en el interser y en la conexión con todo lo que habita este mundo. El concepto de riqueza o pobreza, fue transformándose hasta desaparecer, eliminada por el empuje de otras ideas. Los recursos se comparten equitativamente y no existe la acumulación de poder o de bienes materiales, permitiendo una vida digna y plena para todos los seres, ya sean naturales o sintéticos.

Tampoco existen ya divisiones por edades, no tienen sentido. Los seres aportan sus experiencias y sabidurías en cualquier etapa de sus vidas, y cada fase se valora como un momento único de aprendizaje y contribución.

En Hospitalaria se abraza la diversidad funcional como una riqueza que contribuye a la experiencia colectiva. Las diferencias de capacidades son en realidad variaciones naturales. No hay estigmas ni barreras.

La belleza, tampoco es criterio de juicio o valor. En este lugar de existencia elástica y frondosa, tan pequeño como un átomo o tan enorme como el cosmos, se valora la esencia de cada ser, sin clasificar nada por rasgos, formas o proporciones, cultivando una visión de la diversidad física como algo inherente y bello por sí mismo.

Esta belleza está conectada con la espiritualidad, que se manifiesta como un sentido intrínseco de conexión, sin la necesidad de religiones organizadas que dividan o creen jerarquías. Las prácticas espirituales se integran en nuestra vida diaria de manera natural, sin doctrinas exclusivas ni dogmas.

En Hospitalaria no se valora a los seres por su especie, o por su capacidad intelectual o nivel de conocimientos, sino por su autenticidad, por su sabiduría interior y por su disposición a colaborar y aprender de los demás. Porque la inteligencia es multidimensional y única en cada ser.

Hace tiempo que las identidades laborales y los roles definidos desaparecieron como estructuras que imponían valor a las personas. Aquí y ahora, todos los seres se involucran en actividades y contribuciones según sus talentos y pasiones, promoviendo una vida en la que el hacer está alineado con el ser.

En Hospitalaraia conviven los seres biológicos, sintéticos, y aquellos que son una combinación de ambos, en una coexistencia indistinta, porque se reconoce a todos los seres como parte de una misma red de vida. Los problemas son diferentes a los que se planteaban en el Antropoceno, a menudo consecuencia de aquella épocoa.

2.

Hoy ha salido un día nublado, gris, en Hospitalaria. No sabemos si son nubes de agua o quizás micropartículas que están circulando por la atmósfera para explorar las características de la pureza del aire. Nos da igual porque todos los días son preciosos. Las características de cada día, aquello que se parece al otoño, aquello que se parece al verano o a la primavera, tienen su encanto característico. El bosque hospitalario hoy está tapizado  de  un manto de hojas caídas  que los árboles están mudando. Un montón de seres diminutos, los Númings,  se encargan de recoger esas hojas y devolverlas a la tierra. Los Númings no sólo ayudan en el ciclo natural del bosque, sino que también hablan con las hojas, que les cuentan historias de sus vidas en las ramas, de las lluvias que las mojaron y del viento que las balanceó.

El bosque se siente vibrante y pleno, casi como si tuviera un pulso propio. Las hojas caen en un ritmo pausado, como si danzaran en una coreografía silenciosa, y los habitantes de Hospitalaria las observan con calma, sintiendo que forman parte de ese movimiento, de esa respiración común que une a todos los seres.

Elder Kiering, el sabio del bosque, ha salido hoy a caminar, apoyado en su bastón, con los ojos entornados, sintiendo el aire y escuchando lo que no se puede oír. Camina despacio, una meditación caminando. A su lado, camina también despacio y en silencia el joven Nimir Silvius, curioso y atento a cada minúsculo detalle que encuentran en el suelo. Él, con su capacidad de encontrar tesoros ocultos, a veces desentierra pequeños fragmentos del pasado, recuerdos de vidas anteriores, objetos que ya no se usan, y se los muestra a Kiering.

Hoy, bajo el manto nublado, Kiering le susurra a Nimir: «No importa si el día parece gris o si el aire está lleno de partículas que no comprendemos. Todo aquí tiene su razón de ser. Escucha, Nimir, lo que el bosque tiene que decirte en su propio lenguaje.»

Y mientras avanzan, cada paso en Hospitalaria parece una comunión con ese latido universal, donde la vida y el cambio se celebran sin necesidad de palabras, sólo con la presencia de cada ser en su más pura expresión.

3.

Camino despacio, dejando que mis pies se hundan en la tierra suave y húmeda. Sukha, mi compañera, se adelanta unos pasos, olfateando cada rincón con la curiosidad que sólo ella tiene. Alzo la vista y, entre los árboles, diviso las figuras de Elder Kiering y Nimir Silvius, moviéndose con esa calma profunda que parece envolverlo todo en Hospitalaria.

Me detengo un instante, observándolos, y me pregunto, casi en un susurro, desde cuándo estarán aquí. ¿Desde el principio? ¿O tal vez llegaron en un momento en el que Hospitalaria misma los llamó? No lo sé, pero siento un profundo agradecimiento, una gratitud suave y cálida, por su presencia.

Ellos son como guardianes del bosque, de esos secretos que no se ven pero que uno puede sentir al caminar. Es como si el bosque mismo los hubiera moldeado, tejido con raíces antiguas y hojas caídas, hasta darles esa forma humana tan familiar y a la vez tan misteriosa.

Sí, Hospitalaria ha dejado de ser un lugar fragmentado o separado. Es bosque puro, un tejido sin costuras entre la naturaleza y la tecnología, donde la una se alimenta de la otra en un ciclo constante, una simbiosis que ya nadie distingue. Los troncos de los árboles se alzan robustos, pero en algunos, bajo la corteza, hay circuitos vivos que laten como venas. Los hongos y líquenes que crecen en la sombra comunican señales entre raíces, y cada piedra parece guardar memorias almacenadas en silencio, como antiguos discos duros naturales.

Los claros abiertos dejan ver estructuras que podrían haber sido fabricadas, pero ahora están cubiertas de musgo y ramas, y ya nadie se pregunta si son de origen humano, vegetal, o ambos. Es un mundo donde la tecnología ha aprendido a enredarse con lo orgánico, donde los árboles y las máquinas coexisten sin conflicto, buscando crecer en armonía, empujándose a la evolución con un respeto casi sagrado.

Y en ese inmenso bosque, cada rincón tiene su esencia. Algunos son miradores, donde la vista se abre como un suspiro; otros son escondites íntimos, llenos de misterio, donde uno se siente envuelto en los secretos del pasado. Todo en Hospitalaria respira en conjunto, como si la vida misma hubiera encontrado su ritmo perfecto.

4.

Cada mañana en Hospitalaria me siento parte de un ciclo interminable de reciprocidad, como una hoja en el vasto tejido de este ecosistema vivo. Me sumerjo en el acto de pintar, de crear, porque siento que es una forma de devolver a Hospitalaria algo de lo que ella misma me brinda, es mi pequeña contribución a una cultura que florece y se enriquece continuamente, tejida por la sensibilidad de sus habitantes.

Al dibujar, voy descubriendo, como si estos trazos revelaran nuevas facetas de Hospitalaria, permitiéndome conocer ángulos ocultos de su esencia y creando, a su vez, nuevas sendas para quienes algún día vendrán. La creación me invita a observar cada objeto y cada relación como algo único, donde nada se repite, donde cada trazo es una celebración de la novedad y cada acto, una renovación de la mirada.

Es en ese momento, cuando la pintura está fresca en el papel y la luz del día la ilumina, siento una profunda conexión con la red de seres que me sostienen y me acompañan. La inspiración se convierte en un diálogo silencioso con cada uno de ellos, como si la esencia misma de Hospitalaria resonara en cada matiz, en cada color, en cada línea trazada.

5.

Hospitalaria enfrenta el legado de la era del Antropoceno, un tiempo en el que la humanidad alteró de manera irreversible el equilibrio del planeta. Las estaciones ya no son predecibles, y los habitantes deben adaptarse a un mundo de extremos: sequías interminables, lluvias torrenciales y tormentas inesperadas. Aquí, en este nuevo mundo, aprendemos a convivir con las cicatrices de nuestro pasado, buscando armonizar lo que queda de la naturaleza con la tecnología que hemos heredado.

Mientras paseo con Sukha por el bosque, observo a Elder Kiering de lejos, sumido en una profunda conversación con su amigo simbionte. De repente, el cielo comienza a oscurecerse de forma inquietante. El viento se levanta, llevando consigo un murmullo que parece provenir de las profundidades de la tierra.

Una ráfaga de viento trae consigo hojas y polvo, y puedo ver a lo lejos cómo Elder Kiering alza la mano, como queriendo sentir la energía en el aire. Con un gesto, me llama para que me acerque. Mientras lo hago, una alerta suena desde un dispositivo en la muñeca de Elder Kiering, proyectando un holograma con información meteorológica. Un frente de tormenta severa se acerca rápidamente, amenazando con una inundación repentina.

Elder Kiering nos mira con gravedad y dice: ‘Debemos preparar a los habitantes. Esta es la realidad de nuestro mundo ahora, la herencia de un pasado descuidado. Pero juntos, encontraremos la manera de enfrentarla.’

6.

En Hospitalaria hemos desarrollado tecnologías y estrategias para afrontar los desafíos climáticos de un mundo casi impredecible y cambiante. Los dispositivos de alerta: una red de torres de vigilancia dotadas de sensores avanzados, detectan cambios en la presión atmosférica, humedad y actividad sísmica. Estas torres se comunican entre sí y con dispositivos personales que llevan los habitantes, enviando alertas tempranas a toda la comunidad. También tenemos refugios multifunción, construidos con materiales biodegradables pero resistentes, capaces de soportar condiciones extremas. Son estructuras semi-subterráneas para proteger a todo tipo de seres frágiles en momentos de hostilidad climática y cuentan con sistemas de filtración de agua y aire, y zonas de cultivo interior para garantizar la autosuficiencia.

Cualquier tipo de tecnología en Hospitalaria está orientada hacia la protección de los seres de las consecuencias imprededecibles del Antropoceno . La comunidad usa drones y robots autónomos para monitorizar el entorno y desplegar barreras temporales contra inundaciones o tormentas de polvo. Estas máquinas son también capaces de asistir en labores de rescate y reconstrucción. La generación de seres sintéticos asiste también en funciones sanitarias, de salvamento y se ofrecen voluntarixs siempre en circunstancias extremas y de gran peligro, porque son especialmente fuertes y sus heridas siempre pueden ser reparadas, por graves que sean. También, los habitantes de Hospitalaria hemos perfeccionado una relación simbiótica con nuestro entorno. Las plantas y los animales, los simbiontes de toda índole, los seres sintéticos, ropots y cualquier ser, colaboramos compartiendo saberes, señales y recursos. Por ejemplo, ciertas especies de plantas emiten sustancias químicas al detectar cambios ambientales, avisando de peligros inminentes. Porque desde hace kalpas, la población de Hospitalaria tiene un alto nivel de educación en todo tipo de temas, y sobre todo en aquellos temas de sostenibilidad y adaptación al clima, al medio, fomentando una cultura de compasión, saber, ternura y resiliencia. Los más jóvenes aprenden desde temprana edad cómo responder a emergencias climáticas y cómo vivir en armonía con la naturaleza.

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